Ya no pueden evitar “tragarse la curva”

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Ya no pueden evitar “tragarse la curva”

Mensaje  JBA el Miér Feb 17, 2010 9:53 am

El gobierno camina recto hacia el orificio de un embudo.

Lo hace sin ningún disimulo, trastabillando, a la luz del día… y avisando con mil gestos aparatosos que, salvo un milagro, antes del cambio de gestión el año que viene, aquí se puede producir, tranquilamente, otra calamidad.

Es consciente de no poder esquivar un estrellamiento económico social.

Van a ponerse el país de sombrero, y con él, nos estrellaremos todos.

Y la mejor medida de eso es el proceso de farsa diseñado para establecer una urgente transferencia de culpas hacia cualquiera que se les cruce.

El complot, la oposición golpista, el Congreso desestabilizador, los diarios, los medios televisivos, las consultoras privadas o incluso hasta sus propios funcionarios escindidos o expulsados, son culpables de lo que se viene.

Ellos no.

Ellos gobernaron más de seis años con superpoderes plenos y con todo el Congreso a su favor, sin límites para nada, comprando voluntades y dilapidando la caja salvajemente… en la manufactura de un sueño de continuidad, en medio de un totalitarismo seudo democrático instalado a mansalva.

Pero, insólitamente, no son ahora responsables de nada.

Y mucho menos de lo que tenga que ver con el escenario de desastre en el que ya hemos entrado, ni con la pared contra la que nos vamos a estrellar.

Se tragan la curva irremediablemente.

Pero festejan… este viernes que viene (el 19)… los 57 años de ella.

Uno por cada repulgue facial.

Y el jueves siguiente (el 25),… los 60 años de él.

Uno por cada artículo de la Constitución que violó.

La ignorancia, como madre de la incompetencia, se esconde detrás de todos los silencios y de todas las inacciones.

El desentendimiento de esta yunta es espeluznante.

Paralizados por su inoperancia, pueden, sin embargo, darse el lujo de seguir echando culpas, insultando la inteligencia de todos.

Por cuanto conocen muy bien los niveles de la mansedumbre social y los límites que pueden orillarse, sin el peligro de sacar al pueblo de su letargo.

Son verdaderos artistas de la dramaturgia trucha.

Si hubiera que señalar al antecesor primigenio del drama, el propio Bertolt Brecht, sin dudas apuntaría a Eurípides.

Tenía cierto temor de que su grandiosa obra fuese usada por la imaginación colibrilla de los políticos populistas y totalitarios… y que éstos hicieran de ella una adaptación caprichosa en perjuicio del pueblo.

“Un político que se cree un dramaturgo puede provocar un desastre”.

“Y lo más grave es que los totalitarios no pueden resistir esa tentación”

Hay una esencial verdad que todos los “grandes dramaturgos” tratan de manifestar mediante la bella mentira del teatro. Es un juego de ficción en el que se trata de representar algo ocurrido en la realidad. O acaso algo solamente imaginado.

Y en ese juego de ficción, el derecho a la imaginación escénica del dramaturgo profesional no debe discutirse ni aun cuando contradiga, en parte, lo que sabemos históricamente acerca de las figuras que pone sobre las tablas.

Pues además, no es improbable que lo que nos parece una traición a la verdad sea sólo una invención que permite acercarse más al personaje y a su mundo. O acaso una relación de hechos parecidos a otros auténticos que, en el futuro, puedan descubrirse como contradictorios de los que supuestamente hoy se dan por ciertos.

Pero un político trastornado que se convierte en dramaturgo y emplea la farsa para representar los símbolos que se le antoja imponer es un farsante común y corriente.

Si alguien, honestamente, supone o espera algún cambio positivo en el país, debería prepararse para un estrepitoso desencanto.

Casi sin ninguna excepción, y con total objetividad, los escenarios más inmediatos de la sociedad, desde la economía y desde la política, están claramente desmoronándose a distintas velocidades.

Y en esto, no hay excepciones.

La política ha quedado convertida, para este casal de alquimistas, en producto de consumo para espectadores absolutamente pasivos.

Los gobiernos de partisanos no pueden ni quieren responder esencias.

Y precisamente, por esta impotencia, terminan estrellándose sobre la propia ciudadanía. Se proponen llegar hasta el fin.

La impericia rampante de nuestro gobierno forma parte de la misma lógica de teatralización de la política ante su impotencia.

Un ejercicio permanente de enfatización de los símbolos por encima de las realidades que los sustentan.

En un territorio, el de las identidades, que se está convirtiendo en refugio ideal para la política cuando ésta pierde peso, todo es relato.

Pero los relatos, para fraguar, necesitan ser reconocibles y tener un grado suficiente de verosimilitud.

Las críticas que se hagan desde ahora, cuando le puedan pasar el rasero con la caja a todo el sindicalismo corrupto, serán consideradas delito de lesa patria. Es todo un simple simulacro.

Una improvisación de la prueba y el error

Se hace cualquier cosa… y si sale, la convalidan en el acto.

Es el simulacro de un Estado que no se tiene y de una plenitud nacional -para decirlo en argot nacionalista- de la que no se dispone.

El desmoronamiento incluye también al famoso superávit fiscal, base de la “caja”, base del clientelismo político y sostén virtual de la acumulación de poder de una sociedad conyugal atada a un modelo retórico que jamás pudo ser explicado a ninguna persona en 6 años.

Todo, Economía, Salud, Educación, Defensa, Seguridad Pública y las Relaciones Internacionales, tomadas individualmente o en conjunto, se desbarrancan hoy, de un modo alarmante.

La gran plataforma artificial que les ha servido de estructura de apoyo, se resquebraja en forma inexorable.

La urgencia de un sinceramiento los acomete como el agua que entra a un bote por varios agujeros a la vez.

Los 2 grandes impuestos distorsivos e ilegales que inventaron con la Ley de Emergencia Económica (al cheque y a las retenciones) ya no alcanzan para sumar aquel famoso superávit fiscal. Y el gasto público (con el vehículo de la mega obra pública asignada a sus amigos) es una muestra patética de sus planes del negocio personal “a medida”

No hicieron la menor reforma estructural y ni siquiera se les ocurrió inventar algún sustituto para alimentar esa gran “caja” que les dio oxígeno...

No atrajeron a un solo inversor.

Inversamente, se ocuparon de ahuyentar a todos los que pudieron.

Ya ni siquiera tienen tiempo para torcer el timón

Se acercaron demasiado al borde… y ahora, se los lleva la inercia.

Y probablemente hemos de presenciar… otra vez, antes de estrellarnos, un descarrilamiento interminable que acaso estemos obligados a ver en cámara lenta, pues… desde ahora mismo se puede ver... que van a tragarse la curva.

Lic. Gustavo Adolfo Bunse

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